04 noviembre 2009

EL APARATO REPRESIVO, INTACTO

Anochece de un día agitado. De miércoles.

De miércoles porque está antes que el jueves. Y de miércoles porque es un día de mierda (y todavía no termina).

No tengo conexión a internet. Y eso que parece una huevada, es una complicación cuando la necesito para hacer mi trabajo. Sólo puedo navegar la web del diario en el que trabajo. Y ahí termino de leer recién, la nota en la que me cuentan –video incluido- que Marcelo Tinelli sentenció que el “único derecho humano, es el derecho a la vida”.

Que no lo dice en contra de nadie, dice. Pero está claro a favor de quién lo dice.

Esta vez, no es por el peluquero de Susana, sino por un jugador de fútbol, que lamentablemente fue asaltado y hoy se debate entre la vida y la muerte. Oh, casulidad, Marcelo se conmueve cada vez que eso que le puede pasar a cualquiera le pasa a algún “conocido”.

Y cuando habla del “derecho a la vida” obviamente no habla del derecho a vivir dignamente. No, no. Habla del “tengo derecho a vivir en un sistema basado en la diferencia económico social”. Habla de ¿yo que culpa tengo de venir publicitando desde hace más de 10 años un vida material que está fuera del alcance de la mayoría de los argentinos?

“Lo único que queremos es paz y justicia”, dice el conductor. Y uno se pregunta, ¿para qué carajo tendrá tan grande la cabeza, si no se da cuenta que eso no se puede alcanzar cuando la desigualdad social y la falta de oportunidades (no para él claro) son las monedas corrientes para la gran mayoría de la población?

Pero fue recién. A la mañana, temprano, mientras viajaba en el bus, tuve que soportar a un señor canoso, que pedía mano dura, que se quejaba por el paro docente, y que sentenciaba que este gobierno va a seguir en su lugar, mientras tenga tetrabrik para repartir en el conurbano.

Más allá del juicio de valor sobre el gobierno, me cayó como una patada en los huevos la consideración para con los millones de bonaerenses. Viejo forro.

Un rato después, la radio me trae los dichos de Stornelli, que defendiendo a la policía (la maldita policía, obviamente) declaró en un medio, que recibió la fuerza en un estado deplorable, a causa de los “pensadores” (alusión más que obvia a Arslanian), que creen que es posible vivir en paz, sin policías ni cárceles.

Increíble escuchar a este engendro decir tamaña pelotudez.

Por un lado, porque es posible –y sino que mire países como los escandinavos- y por el otro, porque es inconcebible que un ministro se muestre abiertamente tan proclive a la represión.

Si los otros fueron los pensadores, ojalá él ocupara un poco de su tiempo en usar el cerebro y aportar alguna idea superadora. Realmente superadora, porque las que se le ocurren, ya demostraron su ineficacia ¿o no se acuerda de Rucucu y el “meta bala”?

Pero el día es largo. De nuevo en el bus, ya rumbeando para el centro, voy en el segundo asiento y de nuevo otro chofer, conversando esta vez con un policía, y derramando su sabiduría “hay que matarlos de chiquitos, bajar la edad o meter presos a los padres”. “Y nada de juicio y esas mierdas”.

Pero el asombro no para. El milico, sentado en el primer asiento, sin tapujos, asiente. Y amplía, putea contra los derechos humanos y los jueces. ¡¡¡Uniformado, el tipo!!! ¡¡¡El bus con pasajeros!!!. No era una cámara oculta, o una joda. Era un “hombre de la ley” en vivo y en directo.

Me suena el celular, hablo. Comento lo mal que me siento, el asco que me dan esos comentarios, levanto la voz. Me brabuconeo y digo “tengo que aguantar a dos pelotudos que hablan boludeces, que hay que matar a todos, y uno es cana. Uniformado, ni siquiera un poco de ubicación, tiene”.

“El aparato represivo está intacto” me dicen del otro lado del teléfono. Y la frase me queda rebotando.

Chofer y policía se callan la boca.
¿Será eso mejor?
¿O será mejor dejarlos hablar?
¿Es preferible subir el volumen de la radio y encerrarse en los auriculares?
¿Dejarles el campo libre para que digan lo que se les cante el culo?

Llego a mi destino.
Por primera vez en mucho tiempo, me bajo del micro sin saludar al chofer.
Es cierto, están agazapados a la espera. No aprendemos más.