02 diciembre 2009

EL CAPITAN HARKNESS Y LA CORPORACIÓN

El fin de semana le comentaba a algunos amigos una situación que me resultó muy cómica (y como tal de esas que lo hacen reflexionar a uno). Hoy quiero compartirla con mis amigos lectores (o sea uds.) y a partir de allí entrarle al tema de este post.

Estamos viendo con otro amigo (que no es ni al que le comentaba, ni lector del blog) una serie inglesa; Torchwood. Para no hacerla muy larga, la serie va de un grupo que opera por afuera del sistema, y se dedica a salvar el mundo de una supuesta amenaza alien. El grupo está conformado por 5 miembros (dos chicas y tres muchachos). El líder, es un personaje llamado Capitán Jack Harkness, el más buen mozo de todos, sin dudas. Jack, como todo líder y héroe de la ficción, es enigmático, audaz, inteligente y valiente, con un toque muy british. Todo esto en cantidades abundantes.

La cuestión es que veníamos con mi amigo entusiasmadísimos con las aventuras de Torchwood, hasta que en sobre el final de la primer temporada el capitán Jack no tiene mejor idea que romperle la boca (de un beso, vale aclarar) a su ayudante masculino. Del cual, todo indica en capítulos subsiguientes, está enamorado y es correspondido.

Para terminar esta intro, para mi amigo la serie pasó de repente de estar muy buena a ser una en la que “no se entiende por qué te muestran que se puede ser feliz siendo trolo”. (sic)

Como si a menudo no nos vendieran que se es feliz con un cuerpo delgado y esbelto, o con un auto deportivo y caro, o tomando tal bebida y llevándote a dos mujeres a la cama, o teniendo un celular que te diga por donde caminar, con quien hablar, y qué comer en un día como hoy…

Pero no es de series, ni de comentarios cómicos que va hoy el post, aunque sí -en parte- de “trolos”.

Leía entre ayer y hoy, las repercusiones del casamiento entre estos chicos que finalmente no se pudo concretar, porque una jueza dijo que lo que otra jueza dijo no era, y el gobierno Pro que iba a hacer que estuviera buena Buenos Aires, encabezado por su jefe, Mauricio que dijo que el decidía no oponerse al matrimonio gay porque era parte de sus convicciones de libertad individual, terminó ordenando, ante la disyuntiva de acatar una resolución u otra (momento en el cual deben terciar las convicciones, justamente) prohibiendo que se realice.

Parece un trabalenguas, pero ojalá fuera sólo eso. Es mucho más. Hay mucho más. Sólo algunas cosas me resuenan y las pongo en este espacio.

1- Mauri, diciendo que no apelaría la decisión de la jueza porteña, ante la reprimenda de Bergoglio, y mostrando lo liberal que podía ser. Incluso enfrentando a la Iglesia. Aunque una semana después se olvidó de lo liberal que era, y se inclinó –incluso- por vulnerar la independencia de la Justicia porteña, al hacer lugar a un fallo de una jueza que no tiene competencia, y que dictamina sobre algo que ya dictaminó alguien que es par de ella, y en plazos que están por afuera de lo estipulado. Es decir, no sólo se cagó en sus convicciones, sino que además se cagó en el ordenamiento jurídico.

2- Gabi Michetti, que fiel a su guía espiritual, Monse Bergoglio, mostró porqué es una chica Pro (en particular, y política en general), cuando queda escrachada en un video que aparece en youtube, prometiéndole a Cumbio (la adolescente Blogger) que en la gestión Pro podrá casarse con alguno de su mismo sexo. ()

3- El gobierno nacional que se viste de “progre”, pero “hasta ahí”, porque a pesar de que hasta Lubertino que es funcionaria oficialista ha presentado un proyecto (más) sobre casamiento entre personas del mismo sexo, éste no ha entrado ni siquiera en la maratón de fin de año en la que se aprueban leyes que ni nos enteramos de qué se tratan.

Y podrían seguir los éxitos, pero cerremos que se hace tarde. Una más, y sólo una más. Sin desperdicio. La nota, publicada en el espacio que le dio Críticadigital, por Eduardo Sambrizzi.

¿Y quién carajo es Sambrizzi? Bueno, es un abogado, y actual vicepresidente de la Corporación de Abogados Católicos. Tal vez nunca mejor unidas las tres palabras: CORPORACIÓN – ABOGADOS – CATÓLICOS. (¿miedito, no?)

Bajo el título “Que se casen con una mujer”, Sambrizzi en 15 líneas resuelve toda la discusión cuando nos explica que no existe discriminación alguna al impedir el casamiento entre dos del mismo sexo no sin antes recordarnos lo que indica el Código Civil, pero que por otra parte “resulta DEL ORDEN NATURAL”, según sus propias palabras.

Según este señor “La unión de dos personas del mismo sexo no constituye un matrimonio, (y obviamente es antinatural) y aun cuando se entendiera que ello es una discriminación, la misma no sería arbitraria o injusta”. Primera revelación, puede que sea una discriminación, pero eso no quiere decir que sea arbitraria o injusta ¿verdad?

Pero no nos apenemos, con espíritu católico, la nota nos da la solución (que ya se adelanta en el título “que se casen con una mujer”); “Nada impide a los homosexuales casarse –revela- pero siempre que sea con otra persona del sexo opuesto...”

Es decir, no importa casarse con la persona que se ama que –supongo- sería lo natural. Lo importante es cumplir con el Código, aún cuando éste haya sido escrito en otro siglo.

De todas formas, nada mejor se puede esperar de una “Corporación” cuyas últimas declaraciones públicas (pueden verse en su web) han sido las siguientes:

Comunicado de profunda reprobación ante el fallo de la SCJ, que declara la inconstitucionalidad de la ley que reprime la tenencia de drogas, aún para el consumo personal.

Comunicado deplorando enérgicamente el decreto de Obama que destina fondos destina fondos federales para la investigación con células madres.

Comunicado solicitando a Macri que vete la ley de “Plan de Defensa de Derecho y Diversidad Sexual”

Comunicado deplorando el tratamiento y consideración por parte de la legislatura porteña de un proyecto de ley de educación sexual, para las escuelas.

Comunicado deplorando el diversas iniciativas de distintas provincias en relación al reconocimiento de derechos para parejas homosexuales en el que se señala como un verdadero “plan maestro” por parte del gobierno nacional que “contiene pautas de cumplimiento para el corto, mediano y largo plazo, y entre otras aberraciones, propone el reconocimiento de la homosexualidad como una opción valida en la sociedad”.

Al final, entre lo que nos definen como “natural”, las idas y vueltas de los políticos, y los “esclarecimientos” que nos regala la Corporación –junto con todas sus medidas protectoras que buena parte de la sociedad no le pedimos-, nada mejor que seguir con la segunda temporada de Torchwood.

Y que vivan los novios.