01 marzo 2009

Coincidencia con Susana: basta de inimputabilidad.


“El que mata tiene que morir, y basta de los derechos humanos y esas estupideces”, dijo la platinada conductora televisiva en conferencia de prensa, a la que –por supuesto- todos los medios cubrían, tras conocerse el asesinato de una persona allegada a su entorno televisivo.

Pero no se quedó ahí. Fue un poco más allá, se autoproclamó “pueblo”, dijo “basta con que son menores” y arengó con “tenemos que hacer algo”. “Nosotros, el pueblo”, tenemos que hacer algo”.

Nadie, por supuesto aventuró a preguntarle a “la Su”, si por ejemplo este nuevo mandamiento que emanaba desde su casa en Barrio Parque (el más caro de la Capital Federal, por si cabe alguna duda), hubiera aplicado por ejemplo en su momento a quien según los biógrafos fue su mayor amor: el campeón Carlos Monzón, quien fue condenado a prisión por haber asesinado a su pareja, Alicia Muñiz.

Tampoco nadie le preguntó –o al menos se preguntó- qué habría que hacer con los que –como ella- en la época también platinada del Menemismo compraban autos de contrabando, esos que se importaban a nombre de una persona discapacitada y lo usaban los que lo podían pagar –como ella, 90.000 dólares por un carro a nombre de otro-.



• Aminorando

Un día después, ya tratando de bajar el tono de sus declaraciones, la ex vedette, salió a aminorar la marcha asegurando que ella no salió a pedir la “pena de muerte”. Y es cierto. Ni siquiera pidió eso. Lo que pidió fue una especie de Ley del Talión.

Salió a definirse como “católica” (mamita, la iglesia no termina de hacer pie después de Williamson y ahora se suma Susana), y aseguraró que “todo el país piensa como yo”. Tal vez, alguien debiera decirle que “todo el país” es más gente que los susanos que le sirven de escenografía, y que su vecinito Mauricio.


De todas formas, Susana, como cualquier persona tiene todo el derecho del mundo a estar a favor de la pena de muerte, de peticionar, de juntar firmas y de -en definitiva- actuar con la necedad como para pensar que la solución pasa por comernos a los canivales. Ahora, a lo que no tiene derecho es a decir "...basta de derechos humanos y esas estupideces". Porque ahí no puede escudarse ni en lo católica ni en lo boluda que parece ser.

Y hablando de boluda; resulta importante distinguir que Susana no lo es. Es más, no tiene un pelo de boluda, aún cuando seguramente tratará de salir de este berenjenal en el que se ha metido, jugando ese papel.

Y entonces, mal que nos pese, tenemos una coincidencia con esta “vaca” sagrada de la caja boba: basta de inimputabilidad, pero para gente como ella que cree que puede decir cualquier pelotudez amparandose en la popularidad televisiva y sin hacerse cargo de las consecuencias.

Porque, ¿cómo es la cosa? Al amargo de Román lo cita un juez por incitar a la violencia por cruzarse con un hincha, pero ¿esta “señora” puede arengar a favor del ojo por ojo, diente por diente; y a la vez decir que los Derechos Humanos -Contenidos en una convención internacional- son una estupidez... y llevársela de arriba?


Ay, Susana, ojalá pronto te estén llamando... y que sea de algún juzgado.