06 junio 2010

PERIODISTA


Ser periodista puede sustituir tu nombre para siempre. Nadie tendrá problema alguno para llamarte ¡Ey periodista!, incluso puede darte un título ¡Señor periodista!

Y cuando te des vuelta, te habrás convertido en consejero, confesor, bibliotecario, maestro, siquiatra, historiador. Algunos creerán que lo tienes que saber todo. Pero nunca creas vos que los sabés.

Harás de arquitecto, director técnico, electricista, plomero, diputado, hasta gurú… pero tendrás que detenerte.

Tendrás que dar aliento a quien confió en vos sin conocerte. A veces, cuando todos se quedan sin más, serás su última esperanza. Y ahí querrás ser Dios. Pero solamente serás, un periodista… pero te quedará estremecer las conciencias dormidas.

Escribir es el oficio más solitario del mundo- dijo el Gabo-. Las ideas tienen su ocasión, muévete un milímetro, uno solo, y verás. Nadie te dictará los verbos ni los párrafos; pero tu redacción será un taller a punto de estallar, siempre.

El periodista siempre estará acompañado; evaluado. Lo hace tu jefe. Lo hará el entrevistado ante tus preguntas. Lo hará el corrector, cuando hayas terminado. Y el lector, el lector... definitivamente.

Como buen periodista estarás siempre al filo de la navaja. Para algunos, andarás con no sé que osadía pecaminosa, a medio camino de la literatura, a punto casi... pero no.

Si hay que escribir como con un látigo, no esperes una postal de respuesta. Escribe asumiendo las réplicas y las contrarréplicas -las de afuera y las de adentro-.

Escribe sabiendo que la verdad tiene dos perros guardianes: la forma y el momento… Pero el silencio no debe figurar en el diccionario del periodista.

Si has escrito errado, bendecirás tener tiempo para enmendar unas líneas. Cuando te equivoques querrás cavarte la tumba con las manos… pero nadie te salvará ni serás salvable: ya habrás publicado tus errores. Recuerda que eres periodista.

Cuando escribas esa crítica, a la salida de un recital, de un partido de un evento, se conciente que a los pocos minutos, al día siguiente habrá quienes quieran conocerte, darte la mano, y quienes quieran cortártela. Si arrecian las loas, deja pasar las nubes. Y si llueven las discrepancias, no te detengas a enfrentarlas.

Nunca olvides que cada pensamiento vale oro, que a la diversidad hay que rendirle culto, que muchos no pueden multiplicar sus opiniones… pero que vos, sos periodista.

Paciencia, cuando algunos te hagan volver una vez y otra; porque justo ahora están muy ocupados. ¿Esas preguntas… y a estas horas? Paciencia, pero golpea en todas las puertas, muchas se abrirán y las que no, habrá que derribarlas...

Ser periodista es ser niño, para mantener los ojos de asombro siempre abiertos.

Ser periodista es tener voz, pero nunca ser vocero.

Ser periodista es hacer el amor con las palabras. Ser periodista es serlo con las vísceras.

Y no importa si tenés el grabador de última generación, o las manos vacías. Si estás en el evento del año, o viajando en el colectivo. En realidad el periodista nunca está de vacaciones, porque la realidad nunca se toma vacaciones.

Y a pesar de todo lo con lo que uno podría definir el oficio, cuántas cosas faltarían para agregarle. Ya demasiado largo se ha hecho, cuando sólo quería saludar en su día a quien se sienta periodista.