15 julio 2010

LIBERTÉ, IGUALITÉ, FRATERNITÉ.


Si bien, se aprobó cuando despuntaba un nuevo día, el debate y tratamiento de la modificación más importante de los últimos años al Código Civil, para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo, vino a darse el mismo día en que se celebra el famoso grito de Libertad, Igualdad y Fraternidad. Revolución Francesa, inspirada por esos ideales, que se desparramaron por la mayor parte del mundo. Que inundaron e iluminaron, e inspiraron a esos hombres que decidieron forjar una nación en estas tierras en las que vivimos.

¿Pero qué fue lo que pasó? Sencillo. Ni siquiera fue algo tan complicado como “otorgar” derechos. Fue más sencillo, fue RECONOCER, algo que nadie que no se encierre en un dogma, puede negar.

En los festejos, de los que han bregaron para que esta realidad llegara al fin, se señaló que esta ley, esta medida no es contra “nadie”, algo que me permito disentir.

Este gran paso es contra muchos y muchas. Es contra todos esos miembros (esencialmente jerárquicos) de las iglesias que creen que son los absolutos dueños de la verdad, y no de “su verdad”, que son dueños de la vida de todos, en nombre de Dios.

Esto es en contra de ese hombre de negro que llamó a todos los que estaban a favor del reconocimiento de un derecho “instrumentos del demonio”. Que anunció que esta era una guerra contra su propio dios.

Esto es contra esos/as legisladores que creen que está mal que a los chicos en las escuelas se les brinde educación sexual por medio de un librito porque contiene imágenes de un chico y una chica desnudos.

Esto es contra los 80.000 que porque son muchos, se creen que son todos, y que tienen derecho a imponer sus creencias al resto.

Esto es contra los hipócritas que sostienen el dogma, en tanto rechaza la homosexualidad, pero miran para otro lado si se trata del resto de los postulados.

Es en contra de los que pregonan que todos somos igual ante los ojos del Creador, pero trabajan para que no lo seamos ante los ojos de las leyes civiles.

Y así la lista podría seguir ampliándose…

• Ayer y hoy.

Anoche cuando me fui a dormir, que era un buen rato antes del final del capítulo legislativo, por cercanía laboral, ya sabía cual era el resultado. Esperaba levantarme hoy. Tenía muchas ganas de ver las tapas de los diarios o escuchar la radio. De verificar la información, porque uno aprendió a que nunca se sabe…

Verificado, me sentí en un país un poquito mejor. Pensé y lo puse en un mensaje. “aunque esta vez no me beneficie directamente, siento que este es un país mejor”. “Puede beneficiar a tus hijos, nietos, amigos… Así que festejemos”, me contestaron.

Así que festejemos.