13 septiembre 2009

MARADÓ, MARADÓÓÓÓ...

Cae del cielo brillante balón,
toda la gente y todo el mundo ve,
una revancha redonda en su pie,
TODO EL PAÍS CON ÉL CORRIENDO VA
caen las tropas de su majestad,
y cae el norte de la italia rica,
y el Papa dando vueltas no se explica,
muerde la lengua de Joao Havelange

Que Maradona si, que Maradona no. Que como futbolista fue el más grande, pero que como técnico es un perro. Que se tiene que ir, que a dónde lleva a la selección. Que no vamos a esta en Sudáfrica y bla, bla, bla.

Sin ser un entendido en la materia, pero al fin argentino y como tal opinador profesional de cualquier tema, sostengo que Maradona debe quedarse como DT del representativo nacional de fútbol.

Y no respaldo mi opinión ni en la técnica que ha desplegado el 10, ni mucho menos en los resultados, y ni aún en la esperanza que me despierta el equipo. En lo que a mi respecta, y me parece que debiera ser lo que le respectara al resto de los que siguen el fútbol, Diego a brindado tanto, que bien puede cobrarse un poco dándose el gusto que quiera. Y si ese gusto es dirigir a la selección nacional, y si como consecuencia de ese “gusto” nos tenemos que quedar afuera del mundial, pues bien, que nos quedemos afuera.

Porque, una vez más, somos un pueblo sin memoria, porque una vez más somos un pueblo sin códigos, porque en definitiva, una vez más le damos al fútbol más importancia de la que tiene.

O acaso, y después de todo, ¿no es solo un deporte?, aún cuando sea el más popular, el que más nos apasiona, y uno de los que más plata mueva.

Diego, el 10, D10s, el gordo, Maradó, Maradó, Maradó, se ganó la admiración de todo el mundo, se ganó la letra de las canciones de muchos artistas populares, se cayó, se levantó, se volvió a caer todavía más fuerte y siempre, pero siempre se volvió a levantar. Tal vez (y ojalá) esa fuera la mayor característica de argentinidad de la que nos sintiéramos orgullosos.

Quienes han viajado me han contado, y han contado públicamente, que en los lugares más recónditos del planeta, cuando nuestros cumpas argentos no saben cómo hacerse entender o cómo explicar de donde carajo vienen, los ha salvado decir “Argentina-Maradona”, y a partir de ahí seguir viaje.

En la ciudad donde vivo, La Plata, sobre la avenida 131, que circunvala el casco de la ciudad, hay un paredón de casi 100, metros. Ahí algún(os) artista(as) ha pintado con una gracia sin igual, la secuencia del gol a los ingleses en el mundial del 86. Ese en el que Diegote, apiló a la mitad del equipo rival, ese que le valió el mote de “Barrilete Cósmico”.

En fin, para mí, Maradona puede darse el lujo de seguir probando jugadores, y de dejarnos afuera del mundial cuando quiera, porque el tipo le ha dado tanto y tantas cosas al fútbol de nuestro país, que tiene derecho a querer darse un gusto en vida. Y si su gusto es jugar al Gran DT en la Selección; que lo haga. Bien merecido se lo tiene.