26 marzo 2012

CRÓNICA DE UN 24 (6 AÑOS DESPUES)


6 años después –el fin de semana último-, volví a participar de una actividad scout. Una actividad un tanto “especial”: la participación en la marcha por el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia. Fue raro, sentirme parte de un colectivo del que no me siento ni soy parte (el de Scouts de Argentina), pero que a la vez formaba parte de un bondi mayor.

Fue muy raro ver a esos pibes tirados sobre una vereda pintando su bandera “SCOUT X LA MEMORIA”. Fue gratificante poner el pulgar en su estandarte, como símbolo de la Identidad. Raro y a la vez gratificante.

No faltó quien me invitó a volver a donde no quiero ni pienso volver, con la mejor onda (la invitacion, digo). Y fue difícil no discutir sobre la creencia de que se puede cambiar algo dentro de su organización. Pero no es de eso de lo que quiero escribir hoy.

Lima y Avda de Mayo, fue el lugar del encuentro. De a poco fuimos sumando gente. Y de a muchos nos miraban con cara de sorpresa. ¿qué hacían los scouts ahí?.

Pocos, seguramente, recordarían las participaciones anteriores en la marcha, pero lo cierto es que esta no era la primera vez. No pude dejar de acordarme la primera vez –uno no se olvida de las primeras veces-, cuando con maniobras no muy sanctas pusimos en un aprieto a un Consejo Directivo que no quería decir nada, y les robamos una proclama oficial. Fue la satisfacción de doblegar a quien detentaba el poder, una travesura más, en un juego en el que generalmente teníamos las de perder.

Y si sorpresa causaba la participación. Imaginen la que brotaba cuando pasaban por el taller móvil que habían instalado en esa esquina rovers de un grupo de La Matanza (Andresito no se cuanto…). Los pibes no paraban de imprimir con serigrafía consignas en la remera de quien la pusiera sobre el shablon: “Hablemos por los que no tienen voz”, por ejemplo.

Pero llegó el momento de arrancar la marcha. Ahí enfilamos ese centenar de muchachos y adultos con pañuelos en el cuello. Atrás de una bandera grande que rezaba “Scout x la Memoria” y con una bandera bien erguida de la Diversidad Sexual. Imaginen la escena, o disfruten la foto.

Cuando nos metimos en un hueco de la marcha, arrancamos. Y entonces las caras de los participantes y transeúntes de la Avda. de Mayo nos mostraron la alegría de que allí estuviéramos. La sorpresa, y la alegría. Esa sorpresa que al mismo tiempo es alegría de encontrar a alguien a quien no se esperaba.

Fuimos la foto de color de reporteros que disparaban sin parar sobre los manifestantes, y la invitación a muchos, que enontraban en ese centenar de scouts, un colectivito que les brindaba la confianza y apertura para sumarse a marchar hacia la plaza. Y asi fuimos sumando algunas gentes. Gentes que ni conocíamos, obviamente. Pero que en algún momento se animaban a preguntarnos ¿de dónde son?. “De acá, de la Argentina. ¿de dónde más?”. De distintos lugares, pero parte de ese pueblo que marchaba.

Y cuando a la facción más joven de nuestra pequeña columna –a la que alguna UB seguramente envidiaría- se le disparó la chispa para armar unos cantitos: el “olé olé, olé olá… por la Memoria, por la verdad… Por la Justicia, hoy marchamos los scouts” corrió como reguero de pólvora.

Como ni entre nosotros nos conocíamos, un tal Tomás, me preguntó de dónde era. Qué difícil responder. De ningún grupo, de ninguna parte de la organización. Se me ocurrió decir que había sido, cuando un tal Pachoretti fue presidente. Inmejorable referencia. “Yo estuve en el moot de Rosario. Gabriel nos abrió la cabeza a muchos rovers”, me dijo ese barbado que ahora había venido con su comunidad rover. Qué lo parió, no se sembró tan al pedo, me dije. Y me acordé con gran cariño de Gabriel. Y también un poco de tristeza, para ser sincero.

Y así fuimos. Marchando. Cantando. Mostrándoles a los que nos miraban sorpendidos, -y a los que no quieren vernos en esos lugares, y se conforman con un comunicado anodino-, que éramos parte de un pueblo que no se olvida. Nunca más, Nada menos.