26 septiembre 2011

"AHORA PUDE COMPRAR LAS CAMAS PARA MIS HIJOS"(*)


@LaCarancha, en su blog Ciudadanía Sudaka, nos cuenta que un grupo de antropólogos, economistas y sociólogos está investigando cómo impacta la AUH. Luego de leer el post me interesé por saber más y ella me comentó datos muy elocuentes (pueden preguntarle ustedes también) surgidos en los focus groups, algunos de los cuales fueron difundidos en una nota en Página12.

Esa data quedó dando vueltas en mi cabeza y se me ocurrió preguntar sobre el tema a algunas mamás de mi barrio que cobran la AUH. Una de ellas me dijo aquello que titula este post: “ahora pude comprar las camas para mis hijos”. Charlamos mateando un rato largo y después volví a casa pensando en las implicancias que están en esa afirmación en el marco de todo su relato. Me pareció interesante compartirlas y acá va una síntesis:

- “Ahora pude”: antes no podía. Antes necesitaba pero no podía. Antes dormían todos juntos en la cama matrimonial porque era lo que se podía. Ahora pudo, ella misma, resolver eso.

- “Comprar”: las compró y me contó que lo hizo en cuotas. Y las pudo comprar en cuotas porque cuenta con la certeza de un ingreso seguro. Las compró ella y no se las regaló nadie. El Estado no le regaló las camas sino que le dio la posibilidad de comprar lo que ella necesitaba. La caridad tampoco le dio las camas. Se las compró ella porque pudo. Las camas son de ella y no le debe ningún favor a nadie.


- “Las camas”:
compró camas porque necesitaba camas. Según me contó antes necesitó cubrir otras cosas, más básicas, como por ejemplo que haya cena todos los días en la mesa de su casa y luego que todo ese espacio y elementos de cocina estén limpios. Es decir que cubrió primero necesidades de alimentación y limpieza y después se organizó con las cuotas para comprar las camas. Cuando termine de pagar las camas verá que otra necesidad hay que cubrir.

- “Para mis hijos”: la mamá administró la Asignación Universal por Hijo en pos del bienestar de sus hijos. Ella decidió qué es lo mejor para sus hijos, analizó las prioridades y administró sus recursos para satisfacer las necesidades de ellos, sus hijos. Ella tiene en sus manos el poder de decisión.

Como podemos ver, hay mucho –pero mucho- detrás de la AUH. Pero podríamos seguir pensando. Podríamos hablar del vendedor de las camas, del carpintero, del que vende la madera, los clavos, el pegamento, las lijas. Podríamos hablar de la cadena de productores de esos elementos. Podríamos hablar de los trabajadores implicados, de la energía, de otros proveedores vinculados, de los impuestos. Podríamos hablar de lo que hacen todos estos actores económicos con el dinero de estas transacciones.

En fin… podríamos ver toda la rueda que gira porque muchos chicos comen mejor, viven en casas más limpias y duermen en camas. Y si seguimos pensando e incluimos en esta rueda las mejoras salariales y jubilatorias, entonces no es muy complicado entender por qué aumentan los precios de los alimentos, los artículos de limpieza y las camas, entre otras cosas.

Para pensar esto nos viene al dedillo algo que escribió Jauretche en la edición del 23 de marzo de 1946 en Democracia (citado por Norberto Galasso en Jauretche y su época, ediciones Corregidor, 2003, Bs. As.) refutando el argumento acerca de que el excesivo circulante produce un alza desmedida de los precios de artículos alimenticios: “Eso es inexacto porque lo que cada uno come tiene un límite determinado por la capacidad de su estómago… El aumento de los precios de los artículos de primera necesidad es escasamente influido por la cantidad de circulante en sí. Es influido sí por su distribución más o menos útil socialmente. La abundancia de dinero en las clases pobres se traduce en el mercado por una mayor compra de artículos alimenticios que naturalmente eleva los precios por la universalización del consumo, pero ésta es una consecuencia que obedece a causas socialmente útiles. Nadie, porque abunde el dinero, va a comer diez kilos de tallarines, pero ocurre que comen tallarines muchos que antes no los comían. La baratura de la alimentación al precio de que coman pocos y poco, no es verdaderamente un ideal de política social”.

Para cerrar, les cuento que un grupo de militantes formamos la movida “Sumate al Futuro”, un espacio virtual para compartir nuestros sueños reales para los próximos cuatro años de Gobierno Nacional y Popular. Mi sueño más obvio, entonces, es que más nenes y nenas puedan dormir en su propia cama (y vayan a “la cama grande” por juego y mimos) además de tener todo lo que necesitan porque su mamá y su papá se lo pueden comprar. Pero mi sueño más profundo es que los que producen y comercializan alimentos, productos de limpieza, camas -y todos los etcéteras a los que ahora acceden quienes antes no accedían a nada- se pongan las pilas y amplíen la producción en vez de aumentar los precios. Desde hace tiempo tienen asegurado un mercado interno con rentabilidad. Ahora es tiempo de que tengan más patriotismo, carajo.

* la Pipi de Caseros (Diario Registrado, 23 de septiembre de 2011)