02 mayo 2011

MARCHE OTRO NOBEL...


Esperanza y cambio, fueron las palabras con las que más se relacionó al presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Barack Obama.

“Esforcémonos por conseguir el mundo que debería ser y por que la llama de lo Divino que todos llevamos dentro se mantenga”, arengó el primer presidente de color (negro) del único imperio vigente en la actualidad.

En diciembre de 2009, hace menos de dos años, y al tiempo que el hombre de la “esperanza y el cambio” autorizaba el envío de 30.000 soldados más a Afganistán, unos días después, se le entregaba el premio Nobel de la Paz.

En las últimas horas, el mundo tomó conocimiento de su propia boca, que el líder musulmán, Osama Bin Laden, o el líder terrorista Osama Bin Laden para no entrar en una discusión que no es el eje de la cuestión, fue muerto por tropas de los Estados Unidos en territorio Pakistaní, en un acto que el presidente norteamericano definió como que “se ha hecho justicia”.

Más, lejos están estos hechos de ser considerados “justicia”, salvo para quienes crean en la ley del ojo por ojo. Osama Bin Laden, como bien lo definieron la mayoría de los medios de comunicación –tal vez en un alarde de normalización, de un hecho que no es normal- fue “asesinado”.

Nadie es asesinado, cuando se aplica la Justicia. Nadie es asesinado –compartase o no la aplicación de la pena capital- cuando se le respeta el debido derecho de defensa en un juicio justo. Esa es la Justicia de la que el mundo “civilizado” se vanagloria.

Y está claro que esa, no es la Justicia que se aplicó en este caso.

Pero no es esta la única y grave cuestión que debe ser rechazada en el discurso del simpático Obama...

“El pueblo estadounidense no eligió esta lucha. Llegó a nuestras costas, y comenzó con la masacre sin sentido de nuestros ciudadanos....” afirmó en otro párrafo. Otra mentira enorme, que no puede ser aceptada, bajo ningún concepto.

Podria aceptarse con severas objeciones que “el pueblo” no eligió esta lucha, tal vez, en el sentido que “el pueblo” no elegía combatir en Vietnam. Pero asegurar que la lucha “llegó” y “comenzó” con los atentados del 11/9 es un insulto a cualquier persona con un mínimo de inteligencia.

De hecho, es todo lo contrario. Esta lucha llegó a suelo norteamericano, bastante tiempo después de que esa Nación eligió un modo de vida, y una visión del mundo, en la que lo que menos le importó fue la dignidad de la vida, la propiedad de los recursos, y el derecho internacional, en ninguna parte del planeta.

La arenga continuó con el señalamiento que los “estadounidenses conocemos los costos de la guerra”. Ha de suponerse que principalmente lo conocen en montos económicos, de presupuesto militar, o de los daños que sus incursiones causan en cualquier punto del mundo. Ya que difícilmente conozcan el costo civil de ciudades arrasadas por bombas atómicas, por bombardeos de misiles, por uso de armas químicas o bactereológicas.

Mientras tanto, en este alejado punto del planeta, llamado República Argentina, como para no quedarnos atrás, uno de los representantes de la Cámara Alta de la Nación, reclamaba a los gritos por radio 10 que “la muerte de Bin Laden es un paso para la búsqueda de la Justicia”, al tiempo que agregaba que el gobierno nacional debía felicitar a su par estadounidense por la acción.

En este momento, cuando termino de escribir este post, leo en la pantalla de TN que “El mundo es un lugar más seguro”. Será más seguro porque uno hombre logró matar a otro en un acto de “justicia”, que sigo sin entender?

No importa, todavía estamos a tiempo, de que este año, nuevamente, Barack se lleve el Nobel de la Paz.