16 junio 2010

INDIGNACIÓN E INDIGNA ACCION


Si parece un juego de palabras, y tal vez lo sea. Sólo un par de letras repetidas bastan para crear un abismo de significados, para volver explicable lo inexplicable, sin preguntarse sobre su utilidad.

¿Y sobre qué es la indignación?
¿Y sobre que hablamos cuándo decimos de “indigna acción?

De algo que ya conocemos, y bien. Del terrorismo de estado, del accionar clandestino, de la ilegalidad avalada por el poder fuego. De la impotencia que todo eso le causa a quien cree en algún sistema de Justicia y derecho internacional.

De las mentiras descaradas, de las respuestas desmedidas y del amparo en un holocausto real para habilitarse a ocupar el mismo rol de aquellos que los persiguieron e intentaron exterminar.

La indignación es contra el Estado de Israel. Ese estado que avala la tortura, ese estado que persigue y asesina en defensa propia, ese estado que se caracteriza por sus indignas acciones como estado.

Esta vez, fue un abordaje, por si ya nos olvidamos de la última incursión del ejército israelí en la Franja de Gaza, donde la lluvia de piedras fue contestada con el fuego de artillería de uno de los ejércitos más modernos y profesionales del mundo. Con bombas de fósforo y munición fragmentaria, sin que se le mueva un pelo.

Cuando leí los primeros cables, internacionales, sobre el abordaje de una unidad de elite israelí a un buque de la flota que intentaba llegar a la Franja con ayuda humanitaria, la mentira ya se veía asomar.

Que los activistas lograron quitar las pistolas a algunos soldados y abrieron fuego contra ellos. Como tal, los militares no tuvieron otra posibilidad que contestar el fuego, y matar a entre 10 y 20 personas.

Cualquiera con un poco de entendimiento, se preguntaría qué tan fácil es “quitarle” un arma a un soldado profesional. Parece que tan sencillo como tirarle la gorra al vigilante a la entrada de la cancha. Fuera de eso, el hecho, se sucedió en aguas internacionales. Internacionales, es decir que ninguna fuerza militar, o policial tiene derecho a abordar por la fuerza a una nave.

El resto, ya es conocido por las noticias. Se detuvo a casi 700 activistas, no se encontraron armas, se los trasladó a territorio israelí, y para deportarlos se los obligó a firmar una confesión en la que se reconocía haber irrumpido en la tierra de Moisés (es decir, irrumpieron en el lugar al ser trasladados precintados por los militares locales, una verdadera locura).

Pero si para todo el relato, la indignación no alcanza. Hay más indignaciones. El mundo debe aceptar que el Consejo de Seguridad de las Naciones ¿Unidas? “lamente las muertes”, pero ni remotamente “condene” el accionar del Estado Israelí.

Y como si eso no alcanzara, hay que aceptar que Israel no acepte ser investigada, que a las Naciones Unidas no les importe imponer una comisión que dilucide responsabilidades y que como tal, todo siga igual.

Como dicen los gallegos de Ska-p en su canción

“No cunfundas mi postura, soy ateo y no creo en ningun dios
No diferencio a las personas por su raza, su cultura o su mierda de religion
Solo cundeno el sufrimiento, la injustia y el abuso de poder
Palestina es sometida a la mas terca de las guerras, la opulencia de israël.
Piedras contra balas una nueva intifada en Cisjordania, Gaza o Jerusalem...”